EL MANIFIESTO DE LA FELICIDAD EN LOS PAISES Y EN LAS PERSONAS
Carlos Mora Vanegas
El dedo que apunta hacia la luna no es la luna". Proverbio chino.
No se puede negar, que todos anhelamos la felicidad, tenemos derecho a ella y de lograrlo, probablemente sería otro el comportamiento que el que actualmente se presenta en muchos escenarios de los países que componen a este planeta Tierra, en donde desafortunadamente se dan situaciones en que predomina el odio, violencia, ira, guerra que se surgen presentando una panorama gris, tristeza, frustración, muerte, dejando mucho que decir el comportamiento de nuestra raza humana.
Sobre esta necesidad de garantizar, que la felicidad sea un hecho real, cómo medirla, lograr que se de , nos presenta wharton.universia.net un interesante escrito , en donde se explica, como Nic Marks, autor del libro electrónico, "El manifiesto de la felicidad: Cómo los países y las personas pueden promover el bienestar" [The Happiness Manifiesto: How Nations and People Can Nurture Well-Being], proporciona lineamientos, opciones de cómo la medición de la felicidad encaja en la escala económica y humana, .
Nos indica la fuente de información citada, que Marks es estadístico, psicólogo y fundador del Centro de Bienestar [the Centre for Well-Being] de The New Economics Foundation, en Reino Unido.
Marks opina de acuerdo a una entrevista que se le hizo, que la medición del PIB no debe ser la única medida de evaluación de la prosperidad de un país o del bienestar de su población. Señala, que en primer lugar, para el PIB poco importa si los gastos son destinados a una cosa buena o mala. Son llamados "gastos defensivos" aquellos que se usan para fines negativos, para cosas que se hacen básicamente para defender la calidad de vida, en vez de promoverla. Así, por ejemplo, la limpieza de la gran cantidad de petróleo que se derramó en Florida (a consecuencia de la explosión de una plataforma de BP) habría costado una inmensa fortuna. Sin embargo, eso cuenta como factor positivo para el cálculo del PIB, aunque se trate, evidentemente, de una situación muy negativa. Es lo que sucederá también con el coste de la limpieza de los destrozos dejados por el terremoto en Japón: entrará como ítem positivo en las cuentas del PIB japonés. Es obvio que fue un hecho catastrófico, pero la pérdida de vidas y el resto de cosas negativas asociadas al terremoto no son tomadas en cuenta en el cálculo del PIB. Buena parte de los gastos del PIB se aplican a la defensa de la calidad de vida, y no en su promoción [...]
Por lo tanto, el PIB toma en cuenta cosas que no deberían tomar, y no toma en cuenta otras que debería tomar. Él no toma en cuenta, por ejemplo, la pérdida del capital natural [...] o la pérdida de stocks de combustible fósil. Él trata el agotamiento de un bien de capital, como el stock de petróleo en Alaska, como ingresos, y no como stock. Por lo tanto, el PIB tiene ese problema enorme: no sabe cómo tratar los stocks de capital que se agotan.
Textualmente señala, que sabe lidiar bien con el capital financiero; sabe como ajustarlo, pero no sabe lidiar con el capital natural. Lo trata como si fuera un bien libre y punto final. Además de eso, hay muchas cosas que tienen lugar fuera de la economía, cosas importantes, pero que no son valoradas. Eso es una de las cosas que Simon Kuznets —el arquitecto original del PIB— sabía muy bien. El trabajo doméstico, la paternidad, el trabajo comunitario y voluntario [...] constituyen, desde varios puntos de vista, el centro de la economía, pero no son valorados. Por lo tanto, el cálculo del PIB está lleno de fallos desde el punto de vista de la calidad de vida.
Ahondando más al respecto, Knowledge@Wharton le pregunta a Marks : ¿De qué manera eso se relaciona con "El manifiesto de la felicidad"? En el manifiesto, usted trata de identificar las cosas que el PIB no toma en consideración, cosas que son importantes y que contribuyen a la noción de bienestar y de felicidad.
Marks responde, que básicamente, la premisa detrás del manifiesto es que las personas tienen una experiencia de calidad de vida. Yo la tengo, usted la tiene. Por lo tanto, eso debería obligar a preguntar a las personas sobre su experiencia real de vida, en vez de intentar sólo medirla por todas las cosas que ellas poseen. Hoy tenemos metodologías estadísticas —técnicas de investigación— para hacer eso. Ha habido grandes avances en la investigación psicológica. Hay parámetros de medición que deberíamos aplicar a nuestras políticas públicas.
¿De qué manera las políticas públicas afectan a la vida de las personas? Ese es el alegato del "Manifiesto de la felicidad" que, está claro, modifica de forma significativa las políticas en vigor. Al escoger un blanco, los gestores de políticas públicas aprenden a perfeccionarlo de forma cada vez más eficaz y eficiente. Pero si tienen que trabajar con un blanco diferente, es decir, con la experiencia real de vida de las personas, es probable que las políticas adoptadas sean muy diferentes.
De nuevo, Knowledge@Wharton le pregunta: Usted es estadístico y psicólogo. En sus estudios busca descubrir la mejor manera de medir las cosas. Por lo tanto, ¿cuáles serían las principales variables de la felicidad y de qué manera las mediría? O mejor, ¿pueden ser medidas?
Al respecto, como lo señala en su publicación, la fuente citada, Marks contesta: Es bueno recordar cuando se mide alguna cosa —en concreto cuando se trata de algo tan importante como nuestra felicidad o bienestar— que toda medición es siempre una aproximación. Suelo citar un proverbio chino: "El dedo que apunta hacia la luna no es la luna". Nuestras estadísticas —los indicadores con que trabajamos— son el dedo, no son la luna. Podemos hablar de niveles de felicidad de la misma forma que los profesionales de la salud hablan sobre enfermedad mental. Ellos hacen preguntas a las personas sobre la enfermedad. Preguntamos a las personas en qué medida se sintieron felices ayer. Pero también les preguntamos hasta qué punto se sienten bien, si se sienten que controlan sus vidas, si creen que están haciendo cosas que les dan placer, como andan sus relaciones —eso es lo más importante— y qué tal les va. Hacemos diversas preguntas de ese tipo, lo que nos permite crear un cuadro del bienestar acerca de ellas. Hacemos investigaciones.
Knowledge@Wharton sobre la repuesta dada, formula otra pregunta interesante: Esas cosas han alcanzado una proporción que ha sobrepasado el ámbito del círculo exclusivo de los estudiosos. David Cameron, primer ministro inglés, ya habla de un índice de felicidad. Él quiere que se creen medidas que muestren de qué manera las personas en Reino Unido evalúan su calidad de vida. Hay quien ve con cinismo ese tipo de actitud: "El sujeto está dispuesto a reducir a la mitad el presupuesto y quiere desviar la atención del asunto". Pero también se está haciendo en Francia un esfuerzo por parte del presidente Nicolas Sarkozy para medir esas mismas cosas. Él llegó incluso a contratar a dos ganadores del Premio Nóbel de Economía para que crearan un sistema de medición. Ellos crearon un sistema que, con certeza, usted conoce muy bien. ¿Podría hablar sobre lo que está sucediendo a nivel gubernamental y también sobre el hecho de que existan sistemas que traten de hacer un seguimiento de esto, y, en especial, sobre lo que está sucediendo en Reino Unido?
Responde Marks: Cameron realmente ha hablado sobre crear un indicador nacional de bienestar. Los medios, está claro, lo han transformado en felicidad. Yo también hablo de felicidad porque es una palabra más atractiva que "bienestar", que me parece algo más funcional. Sin embargo, estamos hablando de lo mismo, cambia un poco la terminología. Tal y como ha dicho, las ideas de David Cameron no son exclusivas. No están totalmente aisladas. Están pasando muchas cosas en este tema.
En definitiva comenta Marks, todas las investigaciones sobre bienestar muestran que existe, de hecho, esa utilidad marginal de renta decreciente clásica —o sea, mil dólares en el bolsillo de una persona rica valen menos que mil dólares en el bolsillo de una persona pobre— y eso está claro, inclusive, en todo el país. Lo mismo sucede en todas partes. La idea de crecimiento del PIB es que la marea ascendente levante todos los barcos, y que la situación económica de todos mejore.
El problema es que el crecimiento del PIB, en general, ha sido muy desigual, por eso ha inclinado los barcos de muchas maneras diferentes. En segundo lugar, las cosas que son realmente críticas para el bienestar de las personas no son tan caras. Pero, por ejemplo, EEUU gasta dos veces más en salud que Francia, sin embargo los resultados son mucho peores a causa del sistema. Por lo tanto, la cuestión no se resume en el aumento del PIB. Se trata, esto sí, del proceso utilizado.
Interesante es señalar lo que se comentó además en la entrevista que Costa Rica aparece en primer lugar en el ranking de los países más felices del planeta, lo que es un resultado sorprendente. He ido a Costa Rica en el primer semestre de este año. Observé que las relaciones tienen un papel destacado en el país. Las personas se sienten bastante libres y tienen también lazos familiares muy fuertes. Ellas tienen sus problemas. Hay desempleo, la distribución de la renta es cada vez más desigual y el crimen ha estado creciendo, por lo tanto hay problemas en el país. Sin embargo, se trata de una sociedad muy diferente de otros países latinoamericanos igualmente bendecidos con ese tipo de filosofía de vida muy vibrante. Eso, está claro, es bueno para la salud y para el bienestar del individuo. Por lo tanto, hay muchas cosas interesantes que, en mi opinión, podemos aprender de países así.
*Fuente de información debidamente señalada wharton.universia.net
Docente universitario de postgrado Faces, UC. Exatec
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