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La Coctelera

DESARROLLO PERSONAL DINAMICO

Tu no ves lo que eres, sino su sombra . R. Tagore

2 Octubre 2011

LO EXTRAORDINARIO DE SABER COMPARTIR


Carlos Mora Vanegas

"En el fondo de cada alma existen tesoros escondidos que sólo descubre el amor" Edouard Rod

En la medida que se está plenamente identificado con lo que el compartir encierra, con su magia, con lo que es capaz de generar, muchas veces felicidad, esperanza, logros, nos damos cuenta, que si hemos estado atento en nuestras acciones, comportamiento, crecimiento  y afortunadamente , libres de todo  egoísmo, envidia, avaricia  que evitan que el compartir aflore .

Miles de personas maravillosas que han pasado por este plano, nos han compartido muchas cosas, sobre todo sabiduría, conocimientos, enseñanza a fin de que nos identifiquemos con la alquimia, magia que el compartir ofrece.

En esta oportunidad compartimos con el lector un interesante cuento que lo  comparte justamente Pedro Pablo Sacristán que lo consideramos oportuno para percibir lo relevante que es saber compartir. El cuento se llama:

EL PRINCIPE Y EL JUGUETERO

Había una vez un pequeño príncipe acostumbrado a tener cuanto quería. Tan caprichoso era que no permitía que nadie tuviera un juguete si no lo tenía él primero. Así que cualquier niño que quisiera un juguete nuevo en aquel país, tenía que comprarlo dos veces, para poder entregarle uno al príncipe.

Cierto día llegó a aquel país un misterioso juguetero, capaz de inventar los más maravillosos juguetes. Tanto le gustaron al príncipe sus creaciones, que le invitó a pasar todo un año en el castillo, prometiéndole grandes riquezas a su marcha, si a cambio creaba un juguete nuevo para él cada día. El juguetero sólo puso una condición:
Mis juguetes son especiales, y necesitan que su dueño juegue con ellos - dijo - ¿Podrás dedicar un ratito al día a cada uno?
¡Claro que sí! - respondió impaciente el pequeño príncipe- Lo haré encantado.
Y desde aquel momento el príncipe recibió todas las mañanas un nuevo juguete. Cada día parecía que no podría haber un juguete mejor, y cada día el juguetero entregaba uno que superaba todos los anteriores. El príncipe parecía feliz.

Pero la colección de juguetes iba creciendo, y al cabo de unas semanas, eran demasiados como para poder jugar con todos ellos cada día. Así que un día el príncipe apartó algunos juguetes, pensando que el juguetero no se daría cuenta. Sin embargo, cuando al llegar la noche el niño se disponía a acostarse, los juguetes apartados formaron una fila frente él y uno a uno exigieron su ratito diario de juego. Hasta bien pasada la medianoche, atendidos todos sus juguetes, no pudo el pequeño príncipe irse a dormir.
Al día siguiente, cansado por el esfuerzo, el príncipe durmió hasta muy tarde, pero en las pocas horas que le quedaban al día tuvo que descubrir un nuevo juguete y jugar un ratito con todos los demás. Nuevamente acabó tardísimo, y tan cansado que apenas podía dejar de bostezar.

Desde entonces cada día era aún un poquito peor que el anterior. El mismo tiempo, pero un juguete más. Agotado y adormilado, el príncipe apenas podía disfrutar del juego. Y además, los juguetes estaban cada vez más enfadados y furiosos, pues el ratito que dedicaba a cada uno empezaba a ser ridículo.
En unas semanas ya no tenía tiempo más que para ir de juguete en juguete, comiendo mientras jugaba, hablando mientras jugaba, bañándose mientras jugaba, durmiendo mientras jugaba, cambiando constantemente de juego y juguete, como en una horrible pesadilla. Hasta que desde su ventana pudo ver un par de niños que pasaban el tiempo junto al palacio, entretenidos con una piedra.

Hummm, ¡tengo una idea! - se dijo, y los mandó llamar. Estos se presentaron resignados, preguntándose si les obligaría a entregar su piedra, como tantas veces les había tocado hacer con sus otros juguetes.

Pero no quería la piedra. Sorprendentemente, el príncipe sólo quería que jugaran con él y compartieran sus juguetes. Y al terminar, además, les dejó llevarse aquellos que más les habían gustado.

Aquella idea funcionó. El príncipe pudo divertirse de nuevo teniendo menos juguetes de los que ocuparse y, lo que era aún mejor, nuevos amigos con los que divertirse. Así que desde entonces hizo lo mismo cada día, invitando a más niños al palacio y repartiendo con ellos sus juguetes

Y para cuando el juguetero tuvo que marchar, sus maravillosos 365 juguetes estaban repartidos por todas partes, y el palacio se había convertido en el mayor salón de juegos del reino.

Para finalizar, consideremos  lo que nos aporta Narciso Obando López  que si bien es meritorio, apropiado y noble compartir cosas físicas con los demás,  no menos importante es compartir el conocimiento, las buenas noticias, la alegría, el optimismo, la confianza, la fe en Dios y… la esperanza.
Para compartir todo momento y oportunidad son buenos. Así,  de forma constante tenemos frente a nosotros: El nacer, el morir; al bien, el mal; a la alegría, la tristeza; al éxito, el fracaso; a la riqueza, la pobreza; al egoísmo la generosidad; a la fe en Dios, el temor.
La condición vivencial de compartir lo bueno nos aporta sentimientos de realización, de plenitud y solidaridad humanas. Cuando compartimos la tristeza, la desesperanza o el dolor, igualmente sentimos que la carga se hace menos pesada, más llevadera y que no estamos solos.

Muy interesante como nos recuerda Obando además, que compartamos  sin esperar nada por el aporte que hagamos a nuestros hermanos, siempre la vida nos devuelve beneficios; sino a nosotros mismos, a los seres que más amamos. Al compartir, independientemente de la naturaleza de lo que se comparte, crecemos espiritualmente y nos hacemos la existencia más agradable. Hay que identificarse con el alcance, repercusiones que genera el saber compartir en toda su amplitud, en la medida que comprendemos lo valioso, maravilloso que es ello, nos daremos cuenta como el cultivarlo y alimentarlo diariamente ya que ello nos ayuda a crecer,  garantizar felicidad, armonía, equidad.

No dudamos, que de hoy en adelante, se esté  más atento a la manera de cómo compartimos,  de cuál ha sido nuestro rol, desempeño en el compartir, que tanto lo hayamos asimilando y si  siempre estamos en disposición de aportarlo cuando es requerido. He de esperarse, que esto sea una reliad y un hecho cierto en pro de nuestro crecimiento espiritual. ¡Que así sea!

*Fuentes debidamente señaladas

Docente de postgrado, Faxes, UC. Cátedra de desarrollo personal y comportamiento organizacional. Exatec.

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