CUIDADO CON LA CODICIA
Carlos Mora Vanegas
Por nuestra codicia lo mucho es poco; por nuestra necesidad, lo poco es mucho. Francisco Quevedo
El compromiso de aprovechar nuestra oportunidad de vida concedida dentro de un lapso de tiempo específico que se nos da y que ya nos viene establecido, nos conlleva a no desperdiciarlo. Como ya lo hemos señalado en diferentes escritos; por tanto, nuestro compromiso es estar despierto, plenamente identificado con nuestra responsabilidad de que nuestras acciones, comportamiento, nos ayuden a crecer, evolucionar espiritualmente.
Desde luego, al aparecer en esta dimensión, se manifestarán muchísimas pruebas que tratarán de estancarnos
Nos aporta Wikipedia, que los budistas creen que la codicia está basada en una errada conexión material con la felicidad. Esto es causado por una perspectiva que exagera los aspectos de un objeto.
Nos agregan que la codicia (o a veces la avaricia) se considera un pecado capital, y como tal, en cualquier sociedad y época, ha sido demostrada como un vicio. En efecto, al tratarse de un deseo que sobrepasa los límites de lo ordinario o lícito, se califica con este sustantivo actitudes peyorativas en lo referente a las riquezas.
La codicia es un término que describe muchos otros ejemplos de pecados. Estos incluyen deslealtad, traición deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en el caso de dejarse sobornar. Búsqueda y acumulación de objetos, estafa, robo y asalto, especialmente con violencia, los engaños o la manipulación de la autoridad son todas acciones que pueden ser inspirados por la avaricia. Tales actos pueden incluir la simonía
Hay muchos ejemplos en la Biblia sobre la codicia, así se señala el caso de Giezi. Luego de ser sanado de lepra, Naamán es enviado de regreso por Eliseo, pero el codicioso Giezi persigue a Naamán y utilizando mentiras y trucos le saca plata y ropa con engaño. Una vez más la codicia es revelada sobrenaturalmente por Dios a un hombre justo (Eliseo) tal como Eliseo declara, su espíritu estaba con Giezi cuando el estaba mintiendo y engañando (versículo 26). Una vez más la codicia conduce hacia el juicio de Dios y Giezi fue alcanzado con lepra, si este juicio fuese aplicado hoy en día al pueblo de Dios, muchas iglesias se convertirían en leprosarios.
Otro ejemplo como nos lo recuerda dci.org.uk/eer/eer-44.htm, es el del Rey Saúl. En 1 Samuel capítulo 15 vemos como Saúl recibe instrucciones de Dios a través del profeta Samuel de atacar a los amalecitas y destruirlos junto a todo su ganado. Saúl logra el éxito en la batalla pero, la codicia lo vence, y en lugar de destruir todo el ganado guarda para él lo mejor. Dios ve la codicia de Saúl y el profeta Samuel es enviado por Dios a confrontar a Saúl por su codicia y desobediencia.
La desobediencia de Saúl empeora, ya que comienza mintiendo y afirma haber cumplido las instrucciones de Dios (versículo 13) y aún mucho peor, porque usa una patética excusa ‘espiritual’, diciendo que iba a sacrificar los animales a Dios.
La verdad del asunto era que, a pesar que Saúl declara que era por un propósito ‘espiritual’ por lo cual había guardado lo mejor del ganado, él era completamente codicioso y admite esto en el versículo 24. Como resultado de su rebelión y codicia, el juicio está sobre él y es rechazado como Rey para siempre sobre Israel. 1 Samuel 15:35 dice “ Y el Señor se lamentaba de haber hecho Rey a Saúl sobre Israel”.
Otra interpretación y opinión sobre la codicia nos la aporta y nos dice mailxmail.com que la codicia se refiere a un deseo voraz por poseer a un objeto sobrevalorado parcialmente por el sujeto.
Ese deseo voraz y apasionado impide valorar adecuadamente al objeto en su totalidad; o la valoración integral de lo que codiciamos, está obstruida porque nuestra capacidad de reflexionar esta bloqueada, la integración de nuestras percepciones y de nuestra experiencia esta contaminada por la codicia.
Otra forma más simple de decirlo es, que cuando codiciamos algo: no entendemos razones. Ni razones provenientes del exterior ni razones provenientes de uno mismo. Es la raíz del carácter caprichoso.
En ese momento también hacemos una hipervaloración del objeto, no por envidia, no por celos, sino por un deseo inherente a uno mismo, simplemente queremos poseer eso para uno.
A diferencia del envidioso cuando obtenemos al objeto codiciado, lo seguimos hipervalorando conscientemente para uno mismo. Y los demás personas pueden ser que coincidan o no coincidan en esta hipervaloración.
Cuando poseemos un objeto por codicia no buscamos que los demás lo envidien, buscamos s que los demás lo hipervaloren tal como lo hacemos. Es decir queremos que los demás vean a nuestro objeto con los mismos ojos con los que uno los ve. Deseamos que los demás lo admiren tal como uno lo admira.
Docente universitario, postgrado, Faces UC
Anotaciones de cátedra de desarrollo personal
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