LO RELEVANTE DE SABER PERDONAR
Carlos Mora Vanegas
Lo que hace disfrutar de una relación son los intereses comunes; lo que la hace interesante son las pequeñas diferencias.
No podemos, ni debemos dejarnos atrapar por el rencor, ni mucho menos que se incrusté en nosotros la ira, el odio, la venganza, todo lo contrario debemos dejar que el perdón aflore en aquellos momentos en que nos sentimos desarmónicos por algunos hechos que terceros no han originado.
Sofía Roepke nos aporta sobre el perdón que tengamos presente, que Vvviendo en forma sana y positiva cada momento de nuestra vida, es posible mirar con optimismo el futuro, y los buenos sentimientos que se originan allanan el camino hacia la curación definitiva.
Sólo el perdón es el bálsamo que puede curar el dolor que nos causa el resentimiento, No es cuestión de esperar que el tiempo se encargue de borrarlo. Muchas personas dicen: «perdono pero no olvido», sintiéndose culpables por no olvidar. Para dejar de recordar tendríamos que sufrir de amnesia. Además, la experiencia de los agravios sufridos nos enseñan a impedir que vuelvan a dañarnos y nos sirven de lección para no dañar a otros.
El perdón nos libera de la pesadilla del otro y nos devuelve el don más preciado: la paz interior. Pensemos: "Todo enemigo y todo resentimiento que habite en mi interior, limita mi presente y obstruye mi futuro. Mi trabajo de reconciliación con mi pasado asume un papel de la mayor importancia para mi crecimiento personal y mi eficacia en la vida diaria.» No importa si el otro es digno o no de ser perdonado, es uno mismo quien merece superar el resentimiento.
Pero, si el perdonar al que nos ha ofendido es tan beneficioso, ¿por qué nos resistimos tanto a perdonar? Debemos recordar que se trata de un proceso que muchas veces sobrepasa nuestra capacidad o voluntad. Podemos facilitarlo de varias maneras:
1.- Hablar con alguien que sepa escuchar, contándole el conflicto que nos aflige.
2.- Escribir una carta al agresor - la que no enviaremos - con la mayor franqueza de la que seamos capaces, sin limitaciones, aunque nuestras expresiones sean injuriosas. «Vaciar nuestro saco» por completo, diciendo todo lo que hubiéramos querido decir en el momento en que ocurrió el agravio.
3.- Acostumbrarnos a ser indulgentes con las ofensas menores que nos causan aquellos con quienes tratamos en el contacto diario.
4.- Recurrir a la oración o a la meditación como un medio muy eficaz para liberar nuestro espíritu de la ira o de los deseos de venganza.
Cuando por fin hemos logrado perdonar, cuando de corazón podemos pronunciar aquellas palabras mágicas: «te perdono», es como si nos arrancáramos un puñal clavado en el pecho. Es posible que nos sobrevenga
lo que los cristianos llaman «el don de lágrimas». Son lágrimas que nos limpian, nos refrescan y nos liberan. Un inmenso alivio empieza a invadirnos. Nos sentimos buenos, merecedores de ser a nuestra vez perdonados. Sentimos que la vida es para vivirla con alegría, qué la naturaleza es hermosa, que los sentimientos que bendicen empiezan a surgir desde el fondo del alma que ahora está en
Por otra parte , Rafael Ayala , nos comenta, que el perdón no es un simple mecanismo para liberar de culpa a quien nos ofendió, el perdón es un mecanismo para que yo sea libre de la amargura que dejó esa acción en mi corazón. Yo puedo decidir perdonar a alguien, que no está arrepentido de verdad de haberme dañado, por que mi intención al perdonar, no es que esa persona quede libre de culpa, si no que yo quede libre en mi interior, que yo tenga paz, que yo pueda vivir bien, que haya desatado la amarra que me tenía detenido en el puerto.
El perdón es un mecanismo para que nuestro corazón sane de las heridas, para que nuestra alma brille, para que nuestra vida vaya en aumento, para que usted y yo podamos desarrollar este potencial que poseemos y que nadie nos puede quitar nunca
Es muy importante saber, que el perdón no exime de culpa al ofensor, sino que libera al ofendido. Usted y yo necesitamos decidir perdonar, para ser libres de las heridas del alma
Nos agrega además, que cuando decidimos perdonar de una vez a alguien, es indispensable que lo confiese con su boca, no piense en el perdón, hable el perdón, no importa que usted esté sólo, quizás va en su cómodo automóvil escuchando música y piense: "si yo necesito perdonar, yo debo perdonar, yo quiero ser libre de la culpa que otra persona me hizo a mí en su momento", pero no es suficiente que usted lo piense, hay que confesarlo con su boca, aunque usted esté sólo en un lugar, que salga de su boca libremente, hay una marcada diferencia inmensa entre pensarlo y hablarlo; con nuestra boca tenemos el poder para la vida y poder para la muerte, poder para atar y poder para desatar. ¡Confiéselo!, cuando lo hablan, sienta esa libertad, ese peso extra que se va, tal vez acompañado de lágrimas, tal vez acompañado de tristeza y de llanto, pero finalmente un ser libre.
Los pasos principales para perdonar a alguien son los siguientes, a saber:
a.. Identifique plenamente la herida específica que le hicieron, y la persona que se lo hizo.
b.. Decida perdonarla a pesar de lo que siente en su corazón.
c.. Confiese con su boca ese perdón aunque usted esté sólo, no tiene que ir a decírselo a aquella persona; lo puede hacer usted en la privacidad donde se encuentre en ese momento.
d.. Yo podría ir y decirle a alguien: "te perdono por esto y aquello", y aquella persona decir: "pues mira si te lo puedo volver a hacer lo repito otra vez".
e.. Recuerde que el perdón no es para liberar de culpa al otro, sino para que yo sea libre de las heridas del alma.
f.. Acérquese a Dios y dígale desde el fondo de su alma: "Señor, yo decido perdonar, quítame lo que siento, borra de mi corazón estas heridas, dame un corazón nuevo, te entrego el mío, ven a mi vida Jesucristo a ti te lastimaron profundamente, a ti te dañaron y te atreviste a decir a tu padre: "perdónalos por que no saben lo que hacen", ¡Señor, yo te digo hoy perdona a tal persona, por que me lastimó profundamente, y llévate de mi corazón este amargo sentimiento!, "yo hago mi parte, tu haz la tuya".
También nosotros hemos lastimado a mucha gente, con intención ó sin ella, hemos herido profundamente el alma de nuestros seres queridos; hay que pedirles perdón. Las situaciones que recordamos en las que estamos conscientes que los hemos ofendido, necesitamos anotarlas, y debemos decirles: "perdóname".
Por último, considérese lo que Juan Pablo II señaló, de que: " Amar a quien nos ha ofendido desarma al adversario y puede incluso transformar un campo de batalla en un lugar de solidaria cooperación. Éste es un desafío que concierne a cada individuo, pero también a las comunidades, a los pueblos y a la entera humanidad. Afecta, de manera especial, a las familias. No es fácil convertirse al perdón y a la reconciliación. Reconciliarse puede resultar problemático cuando en el origen se encuentra una culpa propia. Si en cambio la culpa es del otro, reconciliarse puede incluso ser visto como una irrazonable humillación. Para dar semejante paso es necesario un camino interior de conversión; se precisa el coraje de la humilde obediencia al mandato de Jesús. Su palabra no deja lugar a dudas: no sólo quien provoca la enemistad, sino también quien la padece debe buscar la reconciliación .

