CONTROLE SU SOBERBIA
Carlos Mora V.
Más reinos derribó la soberbia que la espada, más príncipes se perdieron por sí mismos que por otros. (Saavedra Fajardo, Idea de un príncipe político cristiano, empresa XLI.)
Durante el tiempo que hemos transitado por esta dimensión probablemente en algunas oportunidades nos hemos comportado de una manera no adecuada y probablemente habremos generados situaciones difíciles, nos hemos adentrado en la soberbia, nos tornamos arrogantes, orgullosos y habremos determinado lo que representa la soberbia, su alcance y repercusiones
Se ha escrito, que la soberbia es el amor excesivo de sí mismo, que por presunción, vanidad y jactancia mueve al ser humano a idealizarse a sí mismo, como un ser superior a sus semejantes. Las gentes que se precien de virtuosos y talentosos, deben extirpar la soberbia de sí mismos
Nos aporta Wikipedia, que, soberbia (del latín superbia) y orgullo (del francés orgueil), son propiamente sinónimos aún cuando coloquialmente se les atribuye connotaciones particulares cuyos matices las diferencian. Otros sinónimos son: altivez, arrogancia, vanidad, etc. Como antónimos tenemos: humildad, modestia, sencillez, etc. El principal matiz que las distingue está en que el orgullo es disimulable, e incluso apreciado, cuando surge de causas nobles o virtudes, mientras que a la soberbia se la concreta con el deseo de ser preferido a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego . Por ejemplo, una persona soberbia jamás se "rebajaría" a pedir perdón, o ayuda, etc.
Nos agrega septrionismo.idoneos.com, que la soberbia se opone a la modestia. Mientras la soberbia es la relación del ánimo que desordenadamente apetece ser preferido por sobre sus congéneres; la modestia es la virtud que modera, templa y regla las acciones externas como las actitudes internas, conteniendo en los limites de la cordura, de la sensatez y la templanza, las expresiones y acciones del ser humano.
Se dice, que la palabra o la acción injuriosa, la exacerbación, la irritación, el enfado, el enojo y la cólera, expresada con ademanes y vileza de acciones, son las más vulgares, rastreras y deplorables manifestaciones de la soberbia.
La soberbia niega y contradice lo que la humildad afirma y aconseja. Mientras la soberbia estimula la arrogancia, la vanidad, la egolatría y la presunción de querer ser lo que no se es; la humildad, es la virtud que da el conocimiento de sí mismos, de las limitaciones, las debilidades y las capacidades para tratar con prudencia y obrar con respetuosidad a todo ser viviente. La soberbia es una disposición blasfema del ánima, que estimula y desencadena la concausalidad de los errores y las adversidades humanas.
Hay muchas anécdotas sobre la soberbia, , nos relata por ejemplo septrionismo.idoneos.com , que Julio César, en su juventud (año 78 a. J.C.), expulsado de Roma por el dictador Sila a causa de su simpatía hacia Mario, navegaba a lo largo de la isla de Farmacusa, en el Egeo, cuando fue presa de los piratas. Al tratarse de la cuestión del rescate, el capitán de los corsarios le solicitó veinte talentos para recobrar su libertad, y el futuro dictador le contestó: ¿Veinte? Si conocieras tu negocio comprenderías que valgo por lo menos cincuenta. Por cierto que una vez libre mediante el pago de los cincuenta talentos que el jefe se apresuró a reclamar, César organizó una expedición contra sus secuestradores, capturó a unos trescientos cincuenta y de ellos recobró intacto el importe de su rescate.
En otra oportunidad, preguntaron a Alejandro en cierta ocasión, si concurriría a los juegos olímpicos, y la orgullosa respuesta fue: Iría si supiera que allí podía encontrar reyes por rivales
Muy interesante es la aportación sobre este tema, la que nos lega el psiquiatra Enrique Rojas, cuando señala, que la soberbia consiste en concederse más méritos de los que uno tiene. Es la trampa del amor propio: estimarse muy por encima de lo que uno vale. Es falta de humildad y por tanto, de lucidez. La soberbia es la pasión desenfrenada sobre sí mismo. Apetito desordenado de la propia persona que descansa sobre la hipertrofia de la propia excelencia. Es fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo una actitud que consiste en adorarse a sí mismo: sus notas más características son prepotencia, presunción, jactancia, vanagloria, situarse por encima de todos lo que le rodean. La inteligencia hace un juicio deformado de sí en positivo, que arrastra a sentirse el centro de todo, un entusiasmo que es idolatría personal.
Se nos recuerda además, que hay dos tipos de soberbia; una que es vivida como pasión, que comporta un afecto excesivo, vehemente, ardoroso, que llega a ser tan intenso que nubla la razón, pudiendo incluso anularla e impedir que los hechos personales se vean con una mínima objetividad. La otra es percibida como sentimiento de forma más suave y esa fuerza se acompasa y la cabeza aún es capaz de aplicar la pupila que capte la realidad de lo que uno es, aunque sólo sea en momentos estelares. Entre una y otra deambula la soberbia, transita, circula, se mueve y según los momentos y circunstancias hay más de la una o de la otra.
En definitiva, nos aporta Rojas, en la soberbia uno tiene una enfermedad en el modo de estimarse uno a sí mismo, en una pasión que tiene sus raíces en los sótanos de la personalidad en donde brota el error por exceso de autonivel. En la vanidad la estimación exagerada procede de fuera y se acrecienta del elogio, la adulación, el halago, la coba más o menos afectada y obsequiosa que lleva a dilatar alguna faceta externa y que de verdad tiene un fondo falso, porque no contempla más que un segmento de la conducta.
En la soberbia y en la vanidad hay una sublevación del amor propio que pide un reconocimiento general. La primera es más grave, porque a ella se suele añadir la dificultad para descubrir los defectos personales en su justa medida y apreciar las cosas positivas que hay en los demás, al permanecer encerrado en su geografía ampulosa.

