EL SÍNDROME DE PINOCHO
Carlos Mora V.
Podemos soportarlo todo, excepto la verdad Mark Twain
Muy interesante en el estudio y análisis del crecimiento personal saber afrontar la verdad, no dejarse aprisionar por la mentira, lo que se ha denominado el síndrome de Pinocho.
Al respecto Antonio Palomo Lamarca nos aporta, que la obra está caracterizada por la ansiedad, la angustia de la vida, y la mentira que nosotros hacemos de la existencia. El protagonista, una marioneta de madera, más que mentir, lo que hace es dudar de lo misterioso y complicado de la existencia. La duda pinochiana es la que difumina el carácter de este protagonista. Esta duda conlleva en sí misma el irrespeto por todo aquello que se desconoce y por todo aquello que se está por conocer. Pinocho es irrespetuoso, y producto de su falta de respeto hacia todo y todos nacen sus desdichas. Esta falta de respeto posee una cualidad intrínseca de suma importancia: la testarudez. El personaje de Pinocho más que mentiroso es obstinado, testarudo. Mil fallos comete y mil más vuelve a cometer, y jamás escucha a nadie ni a nada que posiblemente pudiera darle un consejo. Esta característica no es solamente de Pinocho, ni tampoco de la personalidad infantil, sino muy por el contrario es una característica humana, es decir, se trata de la médula vital de la mentira de la existencia: la testarudez, la obstinación. Se ha dicho, tradicionalmente, que el hombre es el único animal que tropieza dos (o tres) veces con la misma piedra, esto, con otras muchas más cualidades, sólo nos corrobora una vez más que la personalidad de Pinocho es la personalidad de cada uno de los seres humanos. En pocas palabras, todos llevamos nuestro Pinocho dentro. Todo el mundo quiere respuestas, pero nadie hace la pregunta adecuada, ni la más sincera tampoco. Todo el mundo quiere soluciones, pero nadie desea poner remedio a sus problemas, y cuando se desea, el deseo no es sincero. Vemos las cosas más fáciles de lo que en realidad son. Al igual que Pinocho, deseamos las cosas como si de hecho ellas nos pertenecieran, sin preguntarnos si en verdad las deseamos, o si en verdad las merecemos. Nos creemos, como Pinocho, merecedores de muchas cosas, cuando en realidad somos egoístas y obstinados. El síndrome de Pinocho el egoísmo y la obstinación, la testarudez centrada en uno mismo sin ver ni los sentimientos ni las necesidades de los demás. Por ello se da una centralización del ego, una superabundancia de ego-ísmo. Este ego-ísmo es el componente esencial de la angustia y de la depresión en la existencia. Pinocho quiere mil cosas, entre ellas incluso sanar de su enfermedad, y cuando el hada le entrega la medicina, la rechaza pues piensa solamente en su mal sabor, pero reclama vigorosamente el ser sanado.
La auténtica medicina que Pinocho ha de tomar, y consecuentemente, de aprender, es la medicina de la humildad. Con esta sanará de todas sus desdichas, y con esta tornará a ser humano. Un viaje, un dolor.
Lo cierto, que alguna vez nos hemos identificado con la mentira, lo malo esta cuando nos habituamos a ella. Hay que evitar el síndrome considerar lo que nos aporta Malina sobre ello en /sehctacdiarfa.blogspot.com que decir mentiras a menudo no es bueno, pero mucho peor es creérselas uno mismo. El autoengaño es una estrategia más de supervivencia, nadie se libra de emplearlo en algún momento de su existencia, e incluso puede ayudar a superar momentos difíciles, pero si se emplea como norma en lugar de como excepción puede volverse enfermizo y en contra de uno.
Muchas personas viven distorsionando la realidad, para tapar su miedo al fracaso, su falta de capacidad para aceptar la frustración, su temor a enfrentar las propias emociones o cambiar su vida, su zozobra ante el juicio negativo de los demás-Malina nos advierte que todos, en mayor o menor medida, por acción o por omisión, mentimos. Lo hacemos en la medida que no decimos lo que pensamos o que decimos lo que no pensamos o no sabemos, o incluso lo que sabemos incierto. Según el diccionario mentir es "decir algo que no es verdad con intención de engañar". Y si buscamos una definición más académica, nos topamos con "expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, cree o piensa". Así que quien engaña o confunde sin ser consciente de hacerlo, no miente: simplemente trasmite a los demás su propia equivocación.
La relación que cada persona mantiene con la mentira, además de decir mucho de ella, es bien distinta a la de los demás. Hay quienes sólo recurren a la mentira cuando es compasiva, o cuando les proporciona resultados positivos sin generar engaño importante o si se trata de un asunto banal. Y también los hay que mienten a menudo, casi por costumbre y sólo en temas poco relevantes. Pero no podemos olvidar a quienes mienten esporádicamente pero a conciencia, generando daño a los demás o persiguiendo beneficios personales. Y también los hay que mienten, o callan verdades necesarias, por timidez, por vergüenza o por falta de carácter.
Por último, citemos a los mentirosos patológicos, que mienten con una facilidad pasmosa, ya sea por conveniencia ya por una absoluta y cínica falta de respeto a la verdad
Definitivamente se nos advierte, que el peligro de mentir es que cuanto más un mentiroso se sale con la suya, tanto más y mejor miente. La mentira crece y se convierte en otra mentira más nociva, caemos en el síndrome de la mentira, síndrome de pinocho. Con el tiempo, mentir se vuelve un estilo de vida

