EVITAR EL PESIMISMO
Carlos Mora Vanegas
El pesimismo conduce a la debilidad; el optimismo al poder. William James
Todos habremos experimentado alguna vez lo que representa el pesimismo, los efectos, alcance, que se pueden generar de él, sus repercusiones, y muchas veces, sus resultados han sido muy negativos tanto para la salud como para nuestra conducta, comportamiento.
Lo importante es, no quedarse anclado en él, no dejarnos atrapar por sus efectos, todo lo contrario, debemos buscar los estímulos motivacionales que nos permitan salir de su prisión, dar paso al optimismo y vivir intensamente nuestra oportunidad de vida que se nos ha legado, dentro de un lapso de tiempo que no sabemos cuanto años, días, horas involucra.
Se ha escrito ampliamente sobe el pesimismo de diferentes puntos de vista, así por ejemplo, Wikipedia nos recuerda, que la fundamentación más o menos sistemática del pesimismo tiene lugar con los filósofos del irracionalismo del siglo XIX, tales como Schopenhauer, Mainländer, Eduard von Hartmann, Julius August Bahnsen y Søren Kierkegaard, y algunos grandes poetas lo asumieron, como Thomas Hardy y, antes que él, Giacomo Leopardi. Este formuló su teoría más cerrada en su Diálogo entre Tristán y un amigo:
El género humano no creerá nunca no saber nada, no ser nada, no poder llegar a alcanzar nada. Ningún filósofo que enseñase una de estas tres cosas haría fortuna ni formaría secta, especialmente entre el pueblo, porque, fuera de que todas estas tres cosas son poco a propósito para quien quiera vivir, las dos primeras ofenden la soberbia de los hombres y la tercera, aunque después de las otras, requiere coraje y fortaleza de ánimo para ser creída.
Ya en el siglo XX, se enrolan también en esta corriente de pensamiento los existencialistas Martin Heidegger y Jean-Paul Sartre, y Émile Michel Cioran.
Es posible referirse también a cierto trasfondo pesimista inherente a las religiones (particularmente el budismo), aunque todas tienden, en mayor o menor medida, a garantizar algún tipo de redención. Para el cristianismo, por ejemplo, la esperanza es una de las llamadas virtudes teologales.
El pesimismo adhiere, en consonancia con el espíritu de ciertas exégesis bíblicas, a la noción de que este mundo es la morada del mal. De ahí que este concepto se relacione, bastante frecuentemente, con doctrinas tales como el escepticismo, el nihilismo, el maniqueísmo, el ascetismo e incluso el misticismo, entre otras.
Se dice que se atribuye al poeta Coleridge (1772-1834) la creación del término, como postura opuesta al concepto filosófico de optimismo fraguado por Leibniz
filosofia.laguia2000.com al respecto del pesimismo señala que el pesimismo es un estado emocional negativo que produce más negatividad y termina hundiéndonos en la depresión.
Su manera de pensar decadente y apocalíptica, arrastra multitudes, prende como la mala hierba que crece sin control, enarbolando como bandera el fin de la esperanza.
El pesimista desparrama malos augurios, malas noticias y percepciones erróneas; frutos de su decepción y frustración, más por experiencias ajenas que por las propias, eventos negativos que se ha empeñado en recopilar, para demostrar y fundamentar la validez de su teoría del pesimismo
El pesimista no cree en nada, por ende no está dispuesto a hacer lo que tendría que hacer para conseguir lo que desea, porque tiene el sentimiento de sentirse derrotado antes de intentar nada y es esa emoción previa la que impide que sus deseos se cumplan.
Muchos justifican su visión pesimista de la vida por la conducta que tienen los demás. Pero los demás tienen la libertad de ser quienes quieren y de recibir lo que cosechen, mientras que nosotros mismos podemos ser creadores de nuestra propia experiencia y atraer lo mejor
Desde el punto de vista psicológico, constituye uno de los rasgos o síntomas más señalados de la enfermedad conocida como depresión. Es una disposición anímica o un estado de ánimo en virtud de los cuales el sujeto percibe sub ratione mali (bajo la razón de mal) todos los fenómenos que le rodean. Dentro de la Psicología pura y más en concreto de la Psiquiatría, el pesimismo es una de las manifestaciones o síntomas más habituales de la enfermedad de la depresión exógena o endógena o de la distimia.
revistaconsumer.es sobre el pesimismo nos recuerda que no debemos dejarnos atrapar por el pesimismo, lo peor es que quienes se empeñan en ver el lado negativo de las cosas, además de convertirse en personas infelices, tienen una penosa facilidad para amargar la vida de quienes tienen al lado, especialmente si las víctimas son niños o jóvenes, o dependen emocionalmente de la persona siempre insatisfecha.
Las experiencias desagradables tienden a amarrarnos al pasado y a inhibirnos el futuro, porque nos condicionan y atemorizan. Simplificando un poco, dará igual cómo nos vayan las cosas realmente, porque si mostramos una predisposición negativa y pesimista, los momentos dichosos los tamizaremos en exceso y los percibiremos con desconfianza y reservas, sin anotarlos a nuestro "haber".
Normalmente, los amargados tienden a desempeñar el papel de víctima, en una forma de comunicación interpersonal en la que (casi siempre para captar la energía y atención ajenas), asumen uno varios de estos roles: el de perseguidor, que hace de malo, interroga y es percibido como un listo que lo sabe todo y castiga o humilla a quienes cree que se equivocan; el de salvador, que busca que le reconozcan su papel bondadoso pero que a la vez nos pasa constantemente facturas de cuanto hace, y el de víctima, cuyo planteamiento de supervivencia y comunicación es dar lástima a los demás, captando su atención mediante la exhibición de su sufrimiento.
Se nos recuerda a Paul Watzlawick, en su libro "El arte de amargarse la vida" (Herder, 1989, Barcelona), quien nos ayuda a reconocer nuestro estilo personal frente a determinadas situaciones y nos brinda una excelente oportunidad para reflexionar sobre los procedimientos por los que una persona va construyéndose una vida desdichada. Watzlawick, recurriendo a la ironía, nos enfrenta con los modos en que de manera voluntaria vamos creando y consolidando nuestra infelicidad. El autor, sabedor de la naturaleza contradictoria y paradójica del ser humano, en lugar de facilitar consejos para alcanzar la felicidad prefiere divulgar fórmulas para conseguir que vivamos anclados en la desgracia. Naturalmente, el propósito es que el lector se percate del error y reaccione de manera contraria a la que proponen esos consejos.
Definitivamente, le sugerimos no permitir que el pesimismo lo ancle, todo lo contrario de paso al ánimo, determine el alcance ,lo que él encierra, lo que el pesimismo propicia, busque salidas, estímulos que le permitan dar paso al optimismo y saber aprovechar la oportunidad de vida que se le ha dado y vivirla intensamente. No olvide lo que dice Charles Bukowski: Casi siempre lo mejor de la vida consiste en no hacer nada en absoluto, en pasar el tiempo reflexionando, rumiando todo ello. Quiero decir pongamos que alguien comprende que todo es un absurdo, entonces no puede ser tan absurdo porque uno es consciente de que es un absurdo y la consciencia de ello es lo que le otorga sentido. ¿Me entienden? Es un pesimismo optimista.

